lunes, 27 de marzo de 2017

Ruth Shady: "Caral: Cómo sus antiguos habitantes se protegieron de desastres"





Ruth Shady, la responsable del proyecto Caral, explica cómo los antiguos previnieron la furia de la chochamama

Una botella de agua de azahar sobre su escritorio da cuenta de los dolores de cabeza que puede generar dirigir un proyecto arqueológico en el Perú. Ruth Shady lo sabe bien. Indagar en el pasado es su pasión. Lidiar con ciertas autoridades, su cruz. Con el acceso al sitio arqueológico inhabilitado, al menos durante un par de meses, debido al desborde del río Supe, Shady explica la tecnología y estrategias usadas por nuestros antepasados para no naufragar ante los embates del clima.

— A raíz de los desbordes que estamos viviendo, se temía que Caral se viera afectada, pero esto no ha sucedido. ¿Qué lecciones nos han dejado sus antiguos pobladores?
Nuestros antepasados conocían el territorio, que manejaban de acuerdo con las condiciones que lo caracterizan. En el caso del territorio andino, identificaron cambios periódicos en el caudal de los ríos, y por tanto no establecieron sus centros urbanos en el valle. Aquí edificaron 25 centros urbanos, ciudades, pueblos y aldeas, y ninguno está afectado. El río podía crecer, salir de su cauce, pero no afectaba viviendas. Ni campos de cultivo, porque tenían un bosque ribereño en las márgenes del río, como protección, usaban el huarango, que tiene raíces que se extienden y evitan que el río se salga. Por otro lado, hace diez años hicimos un proyecto para encausar el río Supe, con el fondo Contravalor Perú-Francia, y el 2012 el Ministerio de Economía dio los recursos para la ejecución del proyecto, pero tú ves ahora que el río se ha salido, no se puede entrar a Caral porque la carretera está interrumpida. Entonces, el encauzamiento no ha sido hecho adecuadamente. Tengo imágenes satelitales de cómo el río se desbordó el 2005 y de cómo se ha vuelto a salir ahora, como si no hubiera encauzamiento. Le he pedido al gobernador Nelson Chui un diagnóstico situacional: cuánto se gastó y cuánto se avanzó. No sé si me comprendes…

— ¿Que se tiraron la plata?

No puedo decir eso, ¿ya…?

— Si bien los huaicos no son una amenaza para Caral, ¿cuáles son los riesgos que sí tiene?

Tenemos afectaciones emocionales fuertes con una familia que, cuando yo llegué a Caral hace veinte años, encontré que ya habían pasado tractor para construir viviendas, lo cual es muy lamentable porque desde la década del 40 ya se sabía que era un sitio arqueológico importante. Sin embargo, el señor Rosario Solís se ubicó en el sitio y fue destruyendo los sitios arqueológicos para convertirlos en campos de cultivo. Ahora sus hijos se consideran herederos y hace poco pasaron un tractor industrial, destruyen monumentos y evidencias arquitectónicas. Y lo más triste es que han conseguido 800 mil soles del Ministerio de Agricultura para sembrar paltos, ¡pero no se puede sembrar paltos en zona arqueológica, el palto tiene raíces profundas que deteriora las evidencias!… Incluso han hecho mi féretro.

— ¿Tiene miedo?

Sí, pero lo que yo hago es defender un patrimonio mundial en beneficio de todos nosotros, porque es una historia que los peruanos debemos conocer.

— Con 70 años, y más de 20 trabajando aquí, ¿cómo ve su rol en el proyecto Caral en el futuro próximo?  
El presidente de la República tiene más años que yo y lo ves con energía. No veo por qué quieran reemplazarme. Si tienen alguna persona para reemplazarme, ¡que haga su propio proyecto! Este proyecto lo organicé yo, formé un equipo multidisciplinario, y lo sigo formando… Lo que necesitamos son políticas de Estado a corto, mediano y largo plazo, para que las normas se cumplan. No puede ser que cambie un alcalde y el actual me diga “yo no trabajo para los muertos, sino para los vivos, por tanto con usted no tengo nada que hacer”, pero mejor ni digo su nombre porque me puede mandar matar... Nuestros antepasados tuvieron una visión integral del territorio y sus recursos, cosa que nosotros hemos dejado de lado. Actualmente una cuenca, como la de Supe, tiene varias autoridades, gobernantes de diversas regiones, varios alcaldes provinciales, y diversos alcaldes locales, pero eso no importaría si entre ellos hubiera una visión de cuenca y se reunieran para hacer políticas de cómo manejar ese territorio marcado por un solo río.

— Ese, precisamente, es uno de los grandes problemas del Perú: no hay visión de cuenca.

No la hay porque han aplicado un modelo de las intendencias españolas: el cómo exploto mejor y el no me interesa la visión integrada. Nosotros no hemos manejado el territorio de esa manera en el pasado. Cuando yo era estudiante, Javier Pulgar Vidal nos llevaba a recorrer una cuenca, y en cada zona ecológica nos hacía ver los cambios en el territorio y los recursos. A través de la arqueología se tiene que recuperar el conocimiento de cómo se manejó cada territorio. Por ejemplo, ¿los campos hundidos se manejan ahora? Muy poco. ¿Los campos acamellonados se manejan donde hay humedales? Tampoco. ¿Las cochas se manejan? Eran tecnologías apropiadas a cada parte del territorio. Ahora pretendemos aplicar un solo modelo a todo. Antes, cuando empezaban las lluvias fuertes, hacían siembra del agua: conducían a través de canales el agua hacia lugares geológicamente permeables, ahí creaban un río subterráneo y, por lo tanto, ya no había huaiquitos, pues, y luego, a través de la cuenca, en puquios, sacaban el agua de ese río subterráneo cuando la creciente estaba casi seca. Hay estudios que se han hecho pero no se aplican, y la responsabilidad es de los alcaldes, que permiten que la gente se asiente en cauces antiguos que se van a activar con los fenómenos climáticos. Ellos deben tener un mapa de su jurisdicción donde pongan en rojo los lugares donde no debe asentarse ninguna vivienda. Pero a veces el alcalde piensa más en los votos que en la vida de la gente.

— ¿El agua de azahar es para sobrellevar mejor a los detractores?

Sí, cuando dicen tonterías.

DEBATE CIVILIZADO

Federico Kauffmann dijo hace poco que Caral representa antecedentes de civilización. ¿Por qué la considera usted una civilización?  
Porque es una sociedad que ha tenido una organización compleja con autoridades y especialistas. Esta información está sustentada en datos, porque tratamos de hacer ciencia y no, como dicen, que soy patriotera. Mi amigo Kauffmann dice que Caral no es civilización porque no ha habido cerámica, pero en África hubo cerámica desde hace nueve mil años y no eran civilización; y en Ecuador, la cultura Valdivia tuvo cerámica y no se la considera civilización.

De otro lado, el arquitecto José Canziani ha afirmado que Caral representa un urbanismo temprano, mas no una ciudad.  
Eso es cuando los arquitectos son rígidos y aplican modelos de otras culturas. Esperan que las ciudades tengan el modelo occidental para llamarlas ciudades. Nuestras culturas acondicionaban sus centros urbanos a la realidad que habitaban: una ciudad en la parte central del Perú no es igual a una ciudad en Puno, y esa es una visión que debemos recuperar.

Por: Maribel De Paz
Periodista
Fuente: http://elcomercio.pe

domingo, 26 de marzo de 2017

Los moches y El Niño: asi castigaba al norte el dios Aiapaec





Caprichoso es el dios Aiapaec, principal deidad de los moches. Castigador, temido y adorado, es llamado también el decapitador. Fue adorado como el dios creador, el proveedor del agua. Y como toda divinidad, lo que nos da, también nos lo quita.

Tenaz y belicoso, entre los siglos I y VIII después de Cristo, el pueblo moche excavó canales en medio del desierto para regar sus cultivos y convertir el suelo árido en un fértil valle. Asimismo, palacios, templos y enormes pirámides de adobe dan cuenta de su magnificencia. Pero hacia finales de año 800, esta sofisticada cultura conoció un final repentino. Provocados por drásticos cambios climáticos, una serie de cataclismos naturales afectó las costas donde su sociedad se había desarrollado y fue horadando las bases de su civilización.

Por entonces, el territorio de los mochicas se había extendido al norte, por el valle del río Jequetepeque, siendo sus principales asentamientos San José de Moro y la huaca Dos Cabezas, y por el valle del río Lambayeque, donde se levantaban Sipán y Pampa Grande. Por el sur, ocuparon el valle del río Moche, donde se localizan la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna, y el valle del río Chicama, donde se encuentra el complejo ceremonial de El Brujo.

Norte y sur son zonas de gran aridez. Pero los moches vencieron al desierto a través de la irrigación artificial. Con ladrillos de barro, desviaron el agua de los ríos y crearon un tejido de acueductos, muchos de los cuales están en uso hasta hoy. De esta forma produjeron más de treinta variedades de cultivos, que les permitían contar con grandes excedentes agrícolas. Para el arqueólogo Walter Alva, director del Museo Tumbas Reales de Sipán, y una autoridad en la investigación de la cultura Moche, este espléndido sistema de irrigación también tenía un alto riesgo de colapso. “Un pueblo que vive de la agricultura en el desierto está expuesto a estas dos ambivalencias: las lluvias y la sequía. Dos fenómenos contradictorios que al final pueden terminar con una sociedad”, explica.

Sin embargo, en el siglo VI esta sofisticada sociedad construida en delicado equilibrio ecológico empezó a recibir los embates de El Niño y sus precipitaciones torrenciales. Si bien el fenómeno afectaba al norte con regularidad, lo que sufrieron los antiguos peruanos fue un diluvio prolongado, lluvias que asolaron la región a lo largo de treinta años. Las inundaciones contaminaron canales y manantiales, además de erosionar miles de hectáreas de cultivos.

Curiosamente, no se han encontrado en la iconografía moche representaciones de la destrucción propias de las inundaciones. Las manifestaciones de culto y rituales dedicados al agua tienen más bien un significado propiciatorio. Sin embargo, es la arqueología la que sí ofrece señales de afectación en los templos moches a causa de las lluvias torrenciales. “En el caso de Sipán, hemos encontrado que, alrededor del siglo IV, hubo un fenómeno que erosionó fuertemente el monumento, y después hubo una reconstrucción. Siempre encontramos respuestas inmediatas para tratar de recomponer toda la estructura productiva y la arquitectura monumental de los moches”, señala el arqueólogo.

Estas terribles inundaciones contaminaron los cursos de agua y los manantiales, y erosionaron miles de hectáreas de terreno cultivable. Disolvieron los palacios y pirámides de barro, el lodo arrasó a los poblados construidos con adobe y caña. A las muertes originadas por las inundaciones le siguieron las fiebres y las epidemias.

Según precisan los estudiosos, al diluvio le siguió un ciclo de sequía a lo largo de otros treinta años. En la segunda mitad del siglo V, las aguas que llegaban de los Andes hasta la costa se redujeron al mínimo. Así, a la hambruna originada por la catástrofe agrícola le siguió la desertización. Pocos años después, retornaron las lluvias torrenciales seguidas de nuevas sequías.

Tan dramáticos contrastes climáticos debilitaron profundamente las bases de la economía de la sociedad moche. “El colapso no solo se basa en el sistema productivo, sino en toda la estructura social. Ya la clase dirigente no tiene la capacidad de controlar ni de exigir a la población excedentes productivos. La costa peruana tiene una extraordinaria fragilidad”, explica el arqueólogo.

Se sabe que a fines del siglo VII, un nuevo fenómeno de El Niño arrasó buena parte de los sistemas de regadío cercanos a Pampa Grande y Galindo, abandonándose estos centros rápidamente. La población empezó a agruparse de forma independiente, ya atomizada del sistema político mochica, entonces desmoronado. Por fin, los últimos reductos gobernados por la empobrecida dirigencia moche no fue obstáculo para el crecimiento del Estado Wari, que gracias a su fortaleza militar sumó a su territorio los señoríos costeños y de la sierra central. Sobre las cenizas moches emergió un nuevo imperio.

NO SOLO FUERON LOS MOCHES

Como lo explica Walter Alva, el fenómeno de El Niño no solo se ensañó con los moches, sino que determinó la caída de otras civilizaciones levantadas en la zona. “Es un problema mucho más antiguo”, acota el arqueólogo. “Hemos encontrado señales de eventos catastróficos que incluso hoy sería impensable manejar. Un ejemplo de sociedad que tuvo que abandonar su lugar para trasladarse a otro se dio aquí en Lambayeque, es el complejo Purulén, en el año 1200 antes de Cristo”. En efecto, se trata de un extenso asentamiento arqueológico que comprende una diversidad de características constructivas, arquitectónicas y espaciales. Fue Alva quien en 1983 realizó las primeras investigaciones, llevándolo a identificar plataformas, áreas de desechos domésticos, canteras o sectores de extracción de material pétreo para construcciones, así como terrenos modificados sin identificar, caminos o sendas y cementerios disturbados.

“En Purulén hubo un gran complejo semiurbano que colapsó. Estamos hablando de un asentamiento con 16 templos y áreas de vivienda, que dependía de la agricultura y de la pesca. Hubo un momento en que el río Zaña cambió de curso y, al hacerlo, dejó inútiles los campos de cultivo. La gente tuvo que abandonar el lugar porque ya no podía sembrar. Pero probablemente también se afectó la pesca. Hay señales de que los monumentos, los templos y las aldeas de los alrededores fueron abandonados de manera violenta, muy rápidamente. Y tras abandonarlo, se dispersaron en aldeas por todo el valle”, explica.

Igualmente, Alva cita el caso del colapso de la cultura Lambayeque, alrededor del año 1100, a causa de un diluvio que destruyó todos los sistemas de riego, seguido luego por sequía. “El Niño ha sido siempre un problema catastrófico”, señala Alva.

Para el descubridor del Señor de Sipán, esta historia de civilizaciones desaparecidas en el norte debe hacernos meditar sobre nuestra actualidad. “Debemos entender que, donde hay ríos secos, volverá a pasar el agua”, afirma. Ese es el gran dilema que tenemos para el futuro, pues casi todas las ciudades de la costa peruana se fundaron sin respetar el patrón de ocupación prehispánico. “Se fundaron siguiendo el patrón europeo, que plantea vivir cerca al río. Pero en nuestros valles, las zonas cercanas al río van a sufrir siempre de inundaciones. Tenemos que pensar con sabiduría y no seguir construyendo en los lechos de ríos secos ni en quebradas. Pero vemos que ciudades como Piura, Chiclayo y Trujillo están siempre expuestas. Es una enseñanza que debemos asimilar y estudiar con cuidado”.
 

Por Enrique Planas
Escritor y periodista

Fuente: http://elcomercio.pe

Daniel Sandweiss: "La costa andina conserva los restos arqueológicos en forma única"





El desierto permite reconstruir cómo eran las sociedades y hasta los fenómenos climáticos hace miles de años. El arqueólogo estadounidense hablará del tema en Puerto de Ideas Antofagasta.

“El desierto de la costa en el sur del Perú y el norte de Chile siempre ha sido desierto, y un desierto bastante seco, al menos desde que están los seres humanos”, dice Daniel Sandweiss con el conocimiento que le entrega llevar 39 años estudiando Perú y compartiendo con arqueólogos de toda Latinoamérica.

Sandweiss, estadounidense, arqueólogo, profesor de la Universidad de Maine y editor de Chungara Revista de Antropología Chilena, descubrió el asentamiento de pescadores más antiguos de América -que se ocupó entre 13 mil y 8 mil años atrás-, en la quebrada Jaguay, al sur de Perú. Gracias a eso se sabe que en esa época los habitantes ya comían corvina, lorna y machas.

En la versión de Puerto de Ideas Antofagasta, que se realizará entre el 7 y el 9 de abril, Sandweiss será uno de los expositores con el tema “El desierto de Atacama no siempre fue lo que es”.

- En el territorio que hoy es chileno, ¿también se pescaba en esa época?

“Sin duda. Hay sitios bastante tempranos que también tienen restos de comida marítima”.

- ¿Se sabe cómo eran estas sociedades?

“Por lo menos eran especialistas en recolectar cosas como machas. Haberse concentrado en un molusco, y mayoritariamente en un tipo de pescado, sugiere que ya sabían lo suficiente para tener una idea de lo que querían. Eso es cierto tipo de especialización. Aún así, eran sociedades bastante simples: pescadores, cazadores, recolectores. No hay evidencia de divisiones sociales de diferentes rangos”.

- Usted también estudia el clima del pasado. ¿Qué ha encontrado?

“En el Perú, gracias a los restos arqueológicos, hemos descubierto cambios en el fenómeno de El Niño y su frecuencia. Se sabe que era menos frecuente, casi ausente entre los 6 mil y los 9 mil años antes del presente. Después, 5.800 años atrás, vuelve, pero no es tan común como ahora. Y 3 mil años atrás empieza a ser bastante frecuente”.

- ¿Es la zona del norte de Chile y sur de Perú un buen lugar para hacer investigación?

“En toda la costa andina, como es desierto, hay conservación de restos que no se da en muchas partes del mundo, y existen indicios del clima que son bien claros y muy interesantes. Además, hay desde cazadores, pescadores, recolectores, de sociedades sencillas, hasta lo más complejo, como son estados preindustriales, como los huaris en Tiwanaku, o los incas. Cualquier tema arqueológico que se quiera estudiar se puede encontrar en Los Andes. Y cuando digo Los Andes, me refiero a Perú, Chile, Argentina y Bolivia”.

- ¿Por qué en el desierto se conservan mejor los restos?

“Es por la sequedad. Lo orgánico, las cosas que alguna vez fueron vivas, se conservan cuando son condiciones muy estables, como siempre seco. También se pueden conservar bien si quedan bajo el agua todo el tiempo. El problema es que sacarlos y conservarlos después es difícil. También si alguna cosa queda congelada se conserva bien. Pero la mayoría de la gente no vive en el hielo. En cambio, los desiertos son más o menos comunes y los sitios no son muy difíciles de excavar”.

- ¿Qué queda por descubrir en esta zona?

“Muchísimo. Pero los arqueólogos y los fondos son pocos. Por eso muestreamos solo un poquito de lo que hay. Por ejemplo, debe haber más sitios como la quebrada Jaguay, incluso en el norte de Chile, pero son difíciles de reconocer a simple vista. La única forma es excavar y mandar a fechar. Falta ese trabajo. Una de las cosas que me interesan mucho es buscar sitios más tempranos para entender la llegada de la gente y conocer cómo era su vida cuando recién estaban en el continente. Pero los restos pueden estar debajo de otros sitios. Además, antes el nivel del mar era más bajo que ahora. Pero entre 18 mil y 6 mil años atrás, los glaciares se derritieron y el mar subió por lo menos 120 metros. Entonces muchos sitios de pescadores tempranos deben estar bajo el mar”.

Por: Amalia Torres
Vida Ciencia Tecnología
Fuente: El Mercurio

Daniel el travieso (26-Marzo-2016)



http://dennisthemenace.com/comics/march-26-2017/



Daniel el travieso (en inglés: Dennis the Menace) fue una tira cómica originalmente creada, escrita e ilustrada por Hank Ketcham para King Features Syndicate. Se estrenó el 12 de marzo de 1951 en 13 periódicos. Hoy en día la tira cómica es escrita y dibujada por los asistentes cercanos de Ketcham, Marcus Hamilton y Ron Ferdinand, y King Features Syndicate la distribuye aproximadamente a 1.000 periódicos en 48 países en 19 idiomas. La serie cómica se pública en un formato de chiste durante los días de semana y en formato de página completa de historieta los domingos. Daniel el travieso fue una serie tan exitosa que fue adaptada por los diferentes medios entre ellos la televisión en forma de personajes reales y animados y en varios filmes, así como también en presentaciones teatrales e incluso entregas de video.

Garfield (26-Marzo-2016)



https://garfield.com/comic/2017/03/26



Garfield es el nombre de la historieta creada por Jim Davis, que tiene como protagonistas al gato Garfield, al no muy brillante perro Odie, y a su dueño, el inepto Jon Arbuckle (Jon Bonachón en el doblaje latinoamericano). El protagonista se llama así por el abuelo de Davis, James Garfield Davis, que fue bautizado en honor al presidente estadounidense James A. Garfield.

Video: 11 cosas de perú que sorprendieron a una europea




Podcast RFI: Agua reciclada para luchar contra la escasez


SALUD Y BIENESTAR




Descargar MP3 de esta edición: Agua reciclada para luchar contra la escasez
Difundido el 24-03-2017 Modificado el 24-03-2017 en 16:04
Por Aída Palau

800.000 personas mueren al año por el consumo de agua contaminada o porque no pueden lavarse las manos debidamente. Un tercio de los ríos de Asia, África y América Latina está altamente contaminado con aguas fecales. Éstos son sólo algunos datos de la ONU que advierte que si consumimos a este ritmo sin reutilizar las aguas residuales, el agua, este recurso tan valioso, se nos va a acabar.

En Estados Unidos, el agua de algunos ríos se reutiliza hasta 20 veces antes de llegar al mar y en la Estación Espacial Internacional, el agua para lavarse y beber y la que procede de la orina "es la misma desde hace años", según Richard Connor, uno de los autores del informe presentado esta semana por la ONU con motivo del día Mundial del Agua que se celebra cada 22 de marzo.

Se calcula que a nivel global en el planeta, el 80% de las aguas no son tratadas y Naciones Unidas urge a los gobiernos a que pongan manos a la obra para combatir la escasez porque aseguran que el agua reciclada puede ser potable. Esta media global coincide con la que se registra en América Latina y el Caribe, aunque el informe destaca que hay países que están haciendo esfuerzos considerables. Brasil, México y Uruguay reciclan más de la mitad de sus aguas residuales y en Chile por ejemplo, el tratamiento es casi universal.

La situación más preocupante son las zonas de reciente urbanización, donde no hay sistemas para tratar el agua residual ya sea por falta de voluntad y prioridad política o por el alto costo que suponen las plantas para tratarlas. Sin embargo existen alternativas.

Entrevistado: Javier Mateo-Sagasta, investigador senior del Centro Internacional de Gestión de Recursos Hídricos, con sede en Sri Lanka.