jueves, 3 de enero de 2019

Federico Kauffmann: “Un arqueólogo no se puede quedar en la descripción”





Fuente: El Correo 
Textos: Una entrevista de Johana Ugaz
Fotos: Joel Alonzo 

Arqueólogo afirma que los escasos auspicios para realizar investigaciones afectarían a los jóvenes que quieran dedicarse a esta apasionante carrera

Federico Kauffmann Doig, a sus 90 años, no se cansa de escribir, viajar e investigar el pasado del Perú. Asegura que los tiempos con respecto a la investigación han cambiado, y lo que le depara a los jóvenes arqueólogos es incierto si solo se quedan en lo descriptivo. En noviembre del año pasado, recibió el Premio Adulto Mayor en el Campo Intelectual Humanidades por parte de Prima AFP, una distinción que lo honra y lo motiva a seguir en lo suyo: investigar.


 Con miras al Bicentenario, ¿cuál ha sido para usted el gobierno que se ha desempeñado mejor en cuidado el patrimonio cultural?

No hay ninguno sobresaliente, todos han hecho lo que han podido, con los recursos limitados. Unos, tal vez, hicieron un poco más que otros, pero no más. Tenemos una riqueza arqueológica inmensa que la hace difícil de cuidar. No los culpo, porque son recursos limitados frente a una inmensidad. Los gobiernos tienen el tema cultural en la última rueda del coche, por eso tenemos tantos arqueólogos que no pueden trabajar como tales, sino que tienen que dedicarse a otros oficios que no tienen nada que ver. Tuve la suerte de tener auspicios de una fundación italiana que me permitió realizar 28 expediciones, de las cuales 12 realicé en Chachapoyas.
 

Hace unos años dijo en una entrevista que no era correcto sacar patrimonio cultural como las momias para que sean estudiadas. ¿Por qué no es recomendable?  

No dije exactamente “sacarlas”, sino “sacarlas en forma secreta y abrupta”, como pasó hace unos años, y me pareció mal.  

¿Como lo hizo Eliane Karp en el 2006?

Exacto. Fueron 93 momias, en el año 2006. Todo fue un malentendido. Recibí una carta firmada por cien personas de la comunidad de Leymebamba. Contaron que, a las 5 de la mañana, un camión había forzado la puerta donde estaban las momias que habían rescatado, pero lo consideraron un atropello porque no les pidieron permiso. Dije que eso era una infamia. Sabía que las momias habían salido con resolución suprema (de Alejandro Toledo), pero la forma fue abrupta, que es una forma de afrenta. Entonces Karp me insultó y, desde aquel momento, hubo una fricción. Dice ser antropóloga, pero no tiene ninguna investigación, solo discursos. Ese no es el trabajo de un antropólogo; por eso dije que era una profesional “chauchilla”, o sea, de medio pelo.

Si una comunidad descubre, por ejemplo, una momia, ¿este hallazgo le pertenece o es del Estado?

Le pertenece al Estado, pero se deben tener ciertas consideraciones: ver si realmente vale la pena llevarlo a un museo para que más gente lo pueda admirar. O dejarlo en la comunidad para que los lugareños hagan su propio museo. Siempre se debe buscar estar de acuerdo con las comunidades.

Durante la primera etapa de ejecución del proyecto de conservación y puesta en valor del Gran Pajatén y Gran Saposoa, ¿qué descubrieron?  


Organicé la expedición con unas 30 a 40 personas. Encontramos aparición de líquenes entre las piedras, porque estas fueron asentadas con barro. Se necesitan especialistas que puedan contrarrestar esto; además de reconstruir todo mediante anastilosis, que implica colocar piedras que se han caído de un muro y se sabe a dónde pertenecen, y ubicarlas en el lugar exacto, pero no reemplazar con otra pieza. Hay normas rígidas de la Unesco, no se puede reconstruir porque a uno se le da la gana. Ahora todo está en pausa porque se han realizado cambios debido a los nuevos gobiernos regionales; igual hay muchos arqueólogos que pueden hacer el trabajo que inicié.  

Hace un momento mencionó que “tuvo suerte” de tener auspicios para realizar expediciones. Hoy es algo escaso... 

Sí, es una pena.

Entonces, ¿cuál es el trabajo que tienen los jóvenes arqueólogos?

Es una pregunta que no puedo responder, porque no se trata solo de cuidar, sino también de investigar, de ahondar en el pasado, y eso implica viajar. Un arqueólogo no se puede quedar en la descripción, eso es muy básico. Hay que sacarnos de la cabeza que si se trata de monumentos en el Perú, todo es el Cusco. El país no se resume en Machu Picchu. En Lima hay muchas huacas que tenemos. ¿Cuántas de estas se cuidan? Ahí se deben poner los ojos y la investigación.
Perfil

Federico Kauffmann Doig es historiador, arqueólogo y antropólogo. Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha realizado aportes sobre las culturas Chavín y Chachapoyas.

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