lunes, 15 de febrero de 2021

Una billetera perdida en la Antártida regresa a su dueño 53 años después (con recuerdos incluidos)

 

 

Fuente: https://www.nytimes.com/

Por: Concepción de León cubre noticias de cultura y literatura para The New York Times.

 

Paul Grisham conserva muchos recuerdos de la época en que trabajó como meteorólogo en la Antártida en la década de 1960, pero perder su billetera no es uno de ellos. Sin embargo, el mes pasado un hombre llamó por teléfono a Grisham para decirle que la había encontrado, 53 años después.

“Fue como un rayo que salió de la nada”, dijo Grisham, de 91 años. “Fue por lo que hay en la billetera y por cómo se ve que recordé muchas cosas”.

Grisham dijo que la billetera, que recuperó el 30 de enero, contenía una tarjeta de racionamiento de cerveza; su tarjeta de identificación militar; recibos de giros postales que había enviado a su esposa en California; una receta de Kahlúa; y una referencia de bolsillo de guerra atómica, biológica y química, que debía llevar siempre.

Los objetos le han traído recuerdos de su estancia de 13 meses, que comenzó en 1967, como meteorólogo de la Marina de Estados Unidos en la Antártida. Fue como parte de la Operación Deep Freeze, que apoya a los científicos civiles que investigan allí.

El documento de identidad muestra a Grisham “cuando tenía el pelo castaño”, dijo. Los giros postales fueron comprados con sus ganancias de póker. ¿La tarjeta de racionamiento de cerveza? Grisham dijo que le hacía gracia, “porque solo tiene cuatro agujeros perforados”, de un total de 23.

“Realmente prefería los martinis”, dijo. La cerveza, explicó, estaba racionada porque una vez que la tripulación estaba “encerrada” para el invierno, no entraban ni salían suministros. “Hacía tanto frío allá que teníamos que guardar la cerveza y las gaseosas en un almacén con calefacción”, añadió, “porque si salían se hinchaban y estallaban”.

Los detectives aficionados que reunieron a Grisham con su billetera —Stephen Decato y su hija, Sarah Lindbergh, y Bruce McKee— ya tenían experiencia en devolver objetos perdidos a sus propietarios. En 2018, Decato y Lindbergh encontraron el brazalete de identificación de la Marina de alguien a la venta en el Astillero Naval de Brooklyn. Lo compraron y, después de buscar ayuda en línea para localizar a su propietario, encontraron a McKee a través de Indiana Spirit of’45, una organización sin fines de lucro que fundó para honrar a los miembros de las fuerzas armadas.

McKee dijo que le pidieron ayuda a través de Facebook y que buscó durante un año antes de localizar a la nieta del propietario del brazalete.

Así que a mediados de enero, cuando el antiguo jefe de Decato le envió dos billeteras que habían sido encontradas durante una demolición en 2014 de la estación de McMurdo, donde Grisham estuvo destacado en 1967, él y su hija se pusieron inmediatamente en contacto con McKee.

“Tras unas 40 búsquedas en sitios web, Ancestry.com, pudimos localizar a ambos en un plazo de entre una semana y media y dos semanas”, dijo McKee, quien añadió que también había buscado en obituarios y sitios web de organizaciones militares. Una de las billeteras pertenecía a Paul Howard, que murió en 2016; fue entregada a su hija, dijo McKee.

Localizó a Grisham a través de una entrada de blog de 2012 en el sitio web de la Asociación del Servicio Meteorológico Naval. Llamó a Grisham el 26 de enero. “Oye, ¿has perdido una billetera?”, le preguntó.

“Fue un placer hablar con él”, añadió McKee. “No podía creer que le hubiéramos encontrado esa billetera”.

McKee, que sirvió en la Fuerza Aérea, dijo que para él era importante reunir a la gente con sus objetos perdidos porque cada uno era “un recuerdo del servicio de una persona, un ser querido, un amigo, un momento o un lugar”.

“Mi mujer y yo perdimos todo lo que teníamos en una inundación en 2008”, dijo. “Decidí que si podía ayudar a alguien a recuperar un objeto, haría todo lo posible por hacerlo”. Actualmente intenta encontrar al propietario de dos objetos: una placa de identificación encontrada por un contratista de la Marina y una Biblia Gideon de la Segunda Guerra Mundial.

Grisham nació en Douglas, Arizona, en la frontera con México. Se alistó en la Marina nada más terminar la secundaria y fue al campamento de entrenamiento en San Diego. “No voy a volver a ese desierto”, recuerda que pensó cuando vio el océano.

Pasó 25 años en la Marina, primero como técnico meteorológico y luego como meteorólogo. Grisham vivía en la soleada California cuando le ordenaron ir a la Antártida en 1967. Lo más duro, dice, fue dejar a su familia, en particular a sus dos hijos, que entonces tenían cuatro y siete años.

En la Antártida, dijo Grisham, él y los otros hombres destinados allí pasaban gran parte del tiempo en una bolera de dos pistas. Jugaba al póquer y se consentía con martinis. Una vez a la semana, podía hablar con su esposa en ese entonces, Wilma, quien murió en 2000. (Grisham se casó con Carole Salazar en 2003).

“Era mucho trabajo pesado”, dijo sobre su tiempo en “el hielo”, como lo llamaba, añadiendo que las temperaturas bajo cero eran a veces difíciles. “Durante el invierno”, dijo, “el sol se pone y durante un periodo de unos cinco meses, no hay sol para nada: es negro”.

Grisham se jubiló en 1977 y desde 2007 había sido guía voluntario en el Museo U.S.S. Midway hasta que comenzó la pandemia del coronavirus. Le encantaba ser voluntario “porque vuelve a estar en esa hermandad de compañeros de servicio”, dijo su esposa.

Grisham dijo que la billetera le había traído buenos recuerdos de los hombres que estaban destacados con él.

“Todos ellos me caían bien, todos, desde el capitán hasta el hombre de menor rango que teníamos”, dijo. “Había 180 hombres, 180 de los hombres más agradables con los que he tenido el placer de estar”.

 

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