lunes, 12 de junio de 2023

¿Cómo empezaron a volar las aves?

 

 
Caihong juji, un dinosaurio parecido a un ave de 160 millones de años
de antigüedad hallado en la provincia china de Hebei, que tenía una cresta
iridiscente como el arco iris.Credit Velizar Simeonovski/Universidad de Texas, Austin

 

Fuente: https://www.nytimes.com

Por: Carl Zimmer es el autor de la columna Orígenes. Ha publicado 14 libros, entre ellos Life’s Edge: The Search For What It Means To Be Alive. @carlzimmer

 

Es difícil saber cómo los Caihong juji utilizaban sus plumas. Las aves modernas tienen plumas asimétricas en las alas, que ayudan a dirigir el flujo de aire para generar sustentación, pero el Caihong juji solo tenía plumas asimétricas en la cola.

Es posible que los terópodos utilizaran principalmente las plumas para elevarse mientras corrían. Esa capacidad podría haberles permitido subir pendientes más rápido o incluso escalar los costados de los árboles. Los dinosaurios emplumados como el Caihong juji carecían de los músculos necesarios para volar como las aves, pero podrían haber saltado y planeado de formas que los científicos aún no han descubierto.

“Estos organismos son extraños y creo que desafían nuestra lógica”, dijo Jingmai O’Connor, paleontóloga del Museo Field de Chicago.

Los dinosaurios emplumados eran algo más que intermediarios en la evolución hacia las aves tal como las conocemos. Sobrevivieron durante decenas de millones de años. “Era evidente que eran buenos en lo que hacían”, dijo Clarke.

El Archaeopteryx pertenecía a una rama del árbol de los dinosaurios que se adaptó posteriormente para volar distancias más largas, pero los paleontólogos siguen teniendo opiniones divididas respecto a su capacidad para volar. Aunque el Archaeopteryx tenía plumas asimétricas en las alas, carecía de un esternón que pudiera sostener músculos de vuelo poderosos.

Después, hace unos 130 millones de años, las aves primitivas se dividieron en dos grandes ramas, que evolucionaron de manera independiente hasta convertirse en voladoras. El linaje que dio lugar a todas las aves vivas se conoce como ornitomorfas; sin embargo, fue la otra rama, la de las enantiornitas, la que dominó los cielos durante decenas de millones de años.

A nivel superficial, las enantiornitas se parecen mucho a los pájaros actuales, pero O’Connor y sus colegas están descubriendo una biología extraña en su interior.

Por ejemplo, las aves vivas suelen nacer sin plumas o solo con una pelusilla alborotada, y luego les crecen las plumas por todo el cuerpo. En la edad adulta mudan las plumas poco a poco, de manera que nunca pierden el pelaje que mantiene el calor de su cuerpo.

No obstante, las aves enantiornitas parecen haber desarrollado las plumas de una manera radicalmente distinta, como sostienen O’Connor y sus colegas en un estudio reciente. Eclosionaron con el cuerpo desnudo, pero con las alas emplumadas por completo. A medida que maduraban, les crecía plumaje en el cuerpo, pero de adultas mudaron todas las plumas de una sola vez; así que tenían que sobrevivir sin su plumaje aislante hasta que les crecieran las plumas nuevas.

Este linaje de aves sobrevivió hasta hace 66 millones de años, cuando un asteroide impactó contra la Tierra. Desaparecieron aproximadamente tres cuartas partes de todas las especies del planeta, incluidos todos los dinosaurios emplumados, excepto los ornitomorfos.

O’Connor y otros paleontólogos investigan por qué esas aves sobrevivieron cuando desaparecieron todos los demás reptiles emplumados. Los restos del impacto provocaron incendios generalizados, seguidos de oscuridad y un descenso de las temperaturas. Los ecosistemas terrestres colapsaron. Es probable que, los dinosaurios emplumados que se alimentaban de hojas o animales pequeños hayan muerto de hambre, pero las aves habían desarrollado picos que les permitían comer las enormes cantidades de semillas enterradas en el suelo.

O’Connor cree que también influyeron otros factores. Después de prosperar durante 70 millones de años o más, las enantiornitas se volvieron repentinamente vulnerables en el clima frío después del asteroide, cuando mudaron todas sus plumas a la vez.

“Si los sometemos a un invierno de impacto, en el que las temperaturas globales han disminuido y hay escasez de recursos, los vamos a llevar al límite”, concluyó O’Connor.

 

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